Arden las estrellas
Desde el útero que es su cama, la narradora, en posición fetal, se decide a abrirnos el universo íntimo de su infancia, los recuerdos de la madre —a quien le dicen Cuchipe—, su fallecimiento, el duelo, la larga estela de su ausencia a lo largo de la vida, los sentidos entretejidos a ese hecho fundamental.
La novela está estructurada en tres grandes partes: la primera, a la que da inicio con un epígrafe de Aparecida de Marta Dillon, da cuenta de los fragmentos en que la narradora tiene desmembrada a la madre en su niñez: una noche de chicas en que madre e hija ven telenovelas, la llegada de la madre del trabajo con regalitos, la vuelta de un día de río en que Cuchipe canta "El burrito cordobés", los poemitas pícaros que les recita a ella y a su hermano, las siestas en la escuela, los cuentos antes de dormir.
La segunda parte, a la que acompaña con la primera estrofa de "Se nos ha muerto un sueño" de Conrado Nalé Roxlo, relata la desaparición de la madre de la casa familiar, el desconcierto y el desamparo de los hijos ante la inexplicable ausencia, el momento exacto en que el padre les cuenta que la mamá ha muerto, el largo duelo, los significados de la vida sin madre. Emergen otros personajes que van conteniendo el desamparo: el padre, que debe aprender de las infancias que tiene a cargo; la abuela, que no levanta cabeza del llanto, hasta que lo hace; las tías, que construyen el cariño cada una a su modo; el hermano, quien se convierte en el país de acogida ante el exilio del paraíso.
Y una tercera parte, bajo un epígrafe de El corazón del daño, de María Negroni, en que equipara el recuerdo con la unión y el perdón, en la que la narradora vuelve a esa imagen inicial de sí misma en la cama en posición fetal y se dispone a contar los episodios sobresalientes de la vida sin madre: las instrucciones para la vida de su abuela, la entrega del título universitario, su casamiento, el nacimiento del hijo, las discusiones con el padre, el concurso en la universidad, su lucha gremial, las disputas familiares por los sentidos.
Estamos ante una narración poética, que hace de la condensación su estrategia principal, mientras se suceden los relatos de episodios cotidianos y se los entraman argumentativamente. Al final, un poema metaforiza el esperado reencuentro con la madre en otra dimensión en un estallido de luces en la noche oscura, en el que arden las estrellas.