Cuatro lindos gatitos
Por María José Daona
Cuatro lindos gatitos o "Los cuatriqui". Unos días después pude leer Cuatro lindos gatitos y, por supuesto, me quedé pensando. Lo primero que se vino a mi cabeza es el oscuro y terrorífico gato negro de Allan Poe, Plutón. Gato inserto en nuestra mente como signo de la muerte y la maldición. En estas páginas también hay un gato negro pero no tiene un nombre tan rimbombante, él es Nego, Neguito, NeguitoPipiripipi. Ama la comida y está absolutamente enamorado de Mami. No ingresa a nuestras mentes, se queda muy cerquita de nuestros corazones. Es tierno y dulce, un amor total.
Se me viene otro gato a la cabeza: Adorno de Cortázar. Y pienso en el gato culto, el que lee a los grandes semióticos y habla en latín. La Doctora en Filología Clásica, profesora de Semiótica le podría haber puesto de nombre Saussure o mínimo Verón pero no, le puso Tiki-tiki. Él es otro personaje: el Macho Alfa, el rey, malhumorado si los hay, el dueño del reino, el insensible que pone apodos políticamente incorrectos a sus hermanos (habla del usurpador y del lisiado). Pero también es el que lucha por sostener el privilegio de haber llegado primero y sucumbe a los encantos de la compañía y la ternura.
Oli es el gato de manual, no de la literatura pienso. No es el que "prefiere el silencio y las tinieblas crueles" como dice Boudelaire (el silencio sólo para dormir en este caso); tampoco el "emperador sin orbe, conquistador sin patria, sultán del cielo" nerudiano. No. Oli es sibarita y hedonista. Holgazán y despreocupado. Odia que la Vieja duerma y no lo mire. A él no le den hígado ni riñones ni achuras; nada de porquerías. Él quiere pollo recién comprado, atún en lomitos (no desmenuzado), hamburguesas caseras, merluza. El queso untable sólo en cuchara. Agua fresca y mimos con plumas compradas en veterinaria y no con plumeros viejos con los que la Vieja saca la tierra de los estantes. Sí, es un sibarita y un hedonista.
Y se viene el "Desca", el lisiado, el último en llegar al reino. Lázaro. Más que a la tradición literaria de gatos remite a la tradición bíblica, religiosa y me pregunto cómo es posible que Mamita, la apóstata, la que fue a recibir su certificado de no católica con las uñas pintadas de verde aborto, recurra a estas referencias. El tema es que Lázaro debía levantarse y andar. Su diferencia le impide andar por las alturas y recorrer el piso de arriba. Tiene sus limitaciones pero es el gato soñador y daría todas las partes de su cuerpo por el instante en que voló. Es el que más escucha a su humana y cree en las cosas que ella le enseña como por ejemplo, que el mundo este está podrido. Está atento a lo que le pasa: se da cuenta de la omnipresencia de su abuela y de su hermano humano en el departamento y siente que su condición de descaderado físicamente se parece mucho al rengueo de espíritu de Mamita.
Estos son los cuatros lindos gatitos. Su belleza no se agota en cómo son sino que se engrandece en la forma que cada uno vive y cuenta las cosas. Una sola anécdota se relata en los cuatro primeros cuentos pero nada tienen que ver entre sí. El elemento en común es el deseo de hacerle un regalo a su humana (a Ella, Mami, la Vieja, Mamita) para su cumpleaños. Los cuatro confluyen en el amor y el deseo de poder manifestarlo. No voy a spoilear el relato, sólo voy a decir que, para una humana no es algo agradable, de hecho es bastante desagradable. Las miradas de los gatos revierten, invierten, reinterpretan las reacciones lejos, muy lejos de lo que nosotres, limitadas mentes humanas, podríamos.
Las personas que conocemos a la autora sabemos de la intensidad de su carácter; de sus estridentes carcajadas, de sus lágrimas que parecen no tener fin, de sus infinitos elepequeloremil… Ahora, imaginemos la escena del regalo contada por los lindos gatitos. Después de recibir su regalo: "cuando se dio cuenta, agarró rápidamente un diario y echó a los bichos al suelo. Después se subió a la cama y empezó a llorar. Daba saltitos sobre el colchón y lloraba".
Les leo otra versión: "Cuando ella los vio, se puso como a jugar a la paleta con los bichos. Nosotros aplaudíamos, ella de pie sobre el colchón gritaba y le saltaban las lágrimas de felicidad, y con un rollo de papel de diario en la mano les daba a los bichos que se estampaban contra el ropero mientras nosotros íbamos a buscarlos de nuevo. —¡Atorrantes, sabandijas! Gritaba la Mamita. Yo supongo que a los bichos porque con nosotros estaba encantada."
Así es este libro, una invitación a la carcajada.
La autora, a la que no voy a nombrar por miedo a contradecir a los protagonistas de los cuentos, construye un universo tierno y divertido. Un mundo de aventuras con miradas diferentes a las nuestras. Nos invita a ingresar al reino que es un espacio ilimitado. Ese monoambiente, el mono, se expande y se ilumina con el tránsito de estos gatitos. El arriba de estantes habitado por el Tiki-tiki, el abajo de recovecos que transita Lázaro, la plaza de ellos que nunca podríamos nosotres concebir como tal, el baño como posibilidad de galería de arte, el barrio y la reproducción de alimañas y comidas. Y también ese espacio del amor, de las formas de amar, de las formas de percibir y de habitar. Ese mono que es el universo, que contiene las riñas y amores de esta familia de cinco.
Cada uno de los cuatro gatitos tiene algo de Ella y Ella tiene algo de cada uno. Díganme si no la reconocen en algunas expresiones de Tiki-Tiki: "No soporto esa ternura empalagosa que la hace zezear" o "¡Sorete traidor!" o "Si hay algo más vomitivo que ser un usurpador, es resultar un lameculos". O en el carácter aventurero de Neguito, que sale, recorre, se pierde y vuelve, siempre "Por fin en casita de vuelta", o en Lázaro el soñador, el que se esfuerza por ver y hacer un poquito mejor a este mundo podrido y que sostiene: "que uno tiene que luchar por lo que quiere y adecuar la realidad a su deseo". O el supercat, tan parecido a Súper Doris. Todos la dejan maternar. Todos son dulces y se entregan, bajan la guardia a los gestos de cariño. Nadie puede resistir un mimo de Mamá ni ella puede resistirse ni siquiera frente a vidrios rotos, aceites caídos, libros sobre la cabeza, enchastres y murciélagos.
Estos cuatro lindos gatitos son como ella: cultos, semióticos y latinistas, asambleístas, artistas, intensos, directos, aventureros y soñadores. Tienen un amplísimo vocabulario y no hay nada que impida que logren sus propósitos, mucho menos la traba de una puerta. También son adorables, tienen un enorme corazón y aunque a veces quieran esconderlo se cuidan y se quieren. Estos gatitos construyeron una manera (o cuatro maneras) de habitar el mundo.
Mamá los mima, los cuida y sobre todo los mira con admiración. Este libro de cuentos y de gatos llega a su fin no sin sorpresas. Después de leer las anécdotas y de escuchar las voces de los cuatriqui ingresamos al (quizás) deseo de la Mamá: ser una más. Yo también querría hacerlo después de conocer más de cerca lo lindo y divertido que puede ser "ser gato". Después de imaginar cómo el triste mono puede convertirse en el reino y el Tiki-Tiki en rey y el Oli en Supercat y donde el pequeño balcón pueda transformarse en la placita y dormir calentito, hecho un bollito con Mamá o dormir dieciocho horas diarias (¡quién pudiera!). Una bola de pelo de gatos va a operar como puente a la magia, el ratito maravilloso de la metamorfosis, el momento en que Ella, la que andaba dando vueltas con el papel de diario, la que pedía incesantemente "¡haya paz, haya paz!", la que llamaba a la homeópata y hacía mimos ahora nos conmueve con un dulce e inesperado "¡Miauuuuu!".
Nada más se le podía pedir a este libro que además de personajes y anécdotas entrañables está cuidado en cada detalle. Los dibujos. Los regalitos de corazones, patitas y salchichas (cuando habla Paladini) al comienzo de cada diálogo. La bella escritura y el amor inconmensurable puesto en cada página. Nada más le podemos pedir. Si queremos podemos insertarlo en la larga tradición de literatura de gatos, podemos leerlo mientras analizamos la construcción de voces y miradas o el elemento fantástico que aparece. Pero también, y esta es mi invitación, podemos entregarnos como lo hace Lázaro y el Nego a páginas que nos abrazan y que nos recuerdan que el mundo no está tan podrido, que la felicidad es efímera como dice el Oli pero existe. Gracias amiga querida.